
FIESTAS PATRONALES
Molins, celebra sus fiestas patronales en honor a San Antonio de Padua, cuya onomástica recae en el día 13 de junio.
Antonio de Padua (Lisboa, 1195 - Padua, 1231), fue un sacerdote de la Orden Franciscana, predicador y teólogo portugués, venerado como santo y doctor de la Iglesia por el catolicismo. La celebración de las multitudinarias exequias y la multiplicidad de milagros que se le atribuyeron promovieron su rapidísima canonización, bajo el pontificado de Gregorio IX.
Durante estos días, el pueblo se viste con sus mejores galas. Diversos son los actos que podemos disfrutar en este tiempo. Actos como la coronación de las Reinas de las Fiestas y el nombramiento de los abanderados y abanderadas de las peñas, junto con la lectura del pregón por parte del pregonero nombrado por la comisión, dan el pistoletazo de salida a las fiestas.
El tiempo que duran las fiestas, Molins suena a charanga y pasacalles por el día y a discomóvil y actuaciones en directo por la noche. La música invade cada rincón para llenar de alegría a sus vecinos. Otras muchas son las actividades que se llevan a cabo, para que todos y todas, sin distinción de género y/o edad, puedan disfrutar de las fiestas patronales.
Sin duda, la paella popular es uno de los actos que a más gente atrae. Una reunión tradicional para comer que, bajo el habitual sol de junio, llena los agradecidos estómagos de los vecinos.
Las peñas y las Reinas, junto a sus acompañantes recorren el pueblo en el tradicional desfile de carrozas donde cada peña da rienda suelta a su imaginación, paseando sus disfraces por las calles del pueblo.
El día 13 de junio, despierta el pueblo bajo el volteo de campanas y la cohetería que indican que el día grande de Molins ha comenzado.
Posteriormente, a mediodía, y tras la recogida de las Reinas, se celebra la Santa Misa en honor al patrón. El día concluye con la solemne procesión de San Antonio de Padua a hombros de sus costaleros, acompañado de sus vecinos, que fervientemente le rinden homenaje.
Las fiestas se cierran el día posterior con “El día de la Morera” donde al caer la noche se celebra una gran merienda en la que se le reconoce, con el premio de San Antoñín, a aquel Molisero o Molisera destacado en su labor para con el pueblo.